Interpretación, anécdotas, ideas o tópicos a cerca del pasodoble

Recientemente una persona allegada me dijo, ¡a ver cuando nos compones algo a nosotros!, pero por favor, que no sea un pasodoble que no los puedo ni ver. Yo sonreí y le contesté irónicamente, entiendo que no los puedas ver porque la música no se ve, se escucha.

Fuera de bromas y hablando más en serio, entiendo normal que a todas las personas no nos guste lo mismo en cualquier ámbito de la vida. Con la música pasa igual, cada uno tenemos nuestros gustos. Hay mucha gente  a la que le gusta el rock o el pop y no le gusta la música sinfónica o la de banda, a otras personas les pasa lo contrario, a algunos les gusta todo, a otros nada. Así que con el pasodoble pasa exactamente lo mismo.

Personalmente a mí me gustan muchísimos estilos musicales por no decir casi todos y por supuesto el pasodoble también.

Me considero un amante de este género y por eso me ha apetecido y he decidido escribir algo a cerca de él. La intención que tengo es dar mi  punto de vista sobre ciertas cosas, ciertos comentarios o contar alguna anécdota que me ha ocurrido a lo largo de los años. A la vez me gustaría ponerlo en el lugar que se merece y ensalzar el valor que tiene tanto histórico como musical, intentando justificar y desmontar algunas ideas y opiniones que no dejan al pasodoble en el sitio que para mí realmente le corresponde.

El pasodoble ¿te gusta?

Un poco de historia

Según la Real Academia de la Lengua Española pasodoble significa 1. Marcha cuyo compás puede llevar la tropa el paso ordinario. 2. Baile que se ejecuta al compás del pasodoble.

Independientemente de la definición que hace la RAE, todos sabemos lo que es un pasodoble. Hemos escuchado o bailado infinidad de ellos en cualquier evento al que hemos asistido.

Cierto es, que  genuinamente es español, que el origen es militar y que a partir de 1800 empezó a conocerse en este ámbito. A finales del siglo XIX se extendió y pasó a convertirse en un género totalmente popular.

El baile como tal, parece ser que  procede de la tonadilla escénica del siglo XVIII.

En términos un poco más técnicos hay que decir que es de compás binario y de movimiento moderado.

Un estilo musical mundialmente conocido

Actualmente el concepto es mucho más amplio, hay muchísimas variantes y estilos diferentes de pasodobles. Aparte de los militares, hoy en día más conocidos como “marchas militares” tenemos entre otros, taurinos, pasacalles, de concierto, regionales o folclóricos e incluso internacionales (mejicanos portorriqueños, etc), populares, para ser cantados, pasodobles jota, falleros, festeros etc.

También son muchas y variadas las formaciones musicales que los interpretan. Podemos escuchar un mismo pasodoble tocado por una orquesta sinfónica, banda de música, orquesta de pulso y púa, tuna, charanga, orquesta de baile etc.

Igualmente los lugares donde se escuchan también son variadísimos. Desde el auditorio más importante o la plaza de toros más grande hasta el baile o la plaza más pequeña de cualquier población. Cuando digo de cualquier población no solo me refiero a lugares de España sino a lugares de cualquier parte del mundo.

También es importante mencionar los miles de pasodobles que se han grabado en discos a lo largo de la historia.

¿Género mayor o menor?

Se suele decir que el pasodoble es un género musical menor.

Está claro que si lo comparamos con cualquier sinfonía, sí que es menor, su duración y contenido no llegan a los de una sinfonía, ahora bien,  no por ello deja de ser importante ni se le debe menospreciar. Es verdad que la duración de tiempo de cualquiera de ellos es corta. Generalmente ronda entre los 2 minutos y medio a los 5 (aunque los hay más largos) y si hablamos de extensión de compases su número de compases está alrededor de los 150 – 200,  rara vez los excede.

Pero  ¿si hablamos de consumo y popularidad? Pues aquí ya no está tan claro que sea género menor. Pocos estilos musicales o ninguno en España son tan famosos y tan interpretados como este.

Por otra parte si nos metemos dentro de la “música” y su contenido nos daremos cuenta  de que no se puede comparar con otros tipos de música de mayor envergadura. En el pasodoble no puede haber tanto recorrido armónico y tonal como por ejemplo en las citadas sinfonías, en oberturas o cualquier composición de esta índole. Tampoco pueden existir ni las inacabables  melodías, ni las texturas,  ni hay espacio para mucho colorido instrumental.

Dicho esto, pienso que una de las grandezas del pasodoble es precisamente que siendo una obra de tan corta duración, se puedan “decir” tantas cosas musicalmente hablando como se dicen. En tan pocos compases ocurren muchos episodios diferentes y se producen afectos y estados emocionales contrapuestos. Cada melodía contiene un ethos distinto, podemos pasar de la tristeza a la alegría en cuestión de segundos, de la incertidumbre a la emoción o de la pasión a la melancolía casi sin enterarnos.

De aquí radica su belleza y su poder de atracción. Por ello también se halla la dificultad de componer un buen pasodoble o la de  interpretarlo adecuadamente.

¡Un pasodoble lo compone cualquiera!

Un día después del estreno de uno de mis pasodobles un músico aficionado me preguntó ¿Por qué compones pasodobles?, seguidamente afirmó…. eso es muy fácil de hacer….  son todos iguales….  siguió diciendo yo ahora me invento los que quieras y empezó a entonar algo que se le iba ocurriendo, “pi pi ri pi, pi piripi”

El desconocimiento y la ignorancia son muy atrevidos. Empezar a  cantar una melodía y creer que te la estas inventando es relativamente fácil pero luego hay que terminarla y esto no es tan sencillo. Cuando me refiero terminarla significa hacerlo con coherencia, es decir, no de cualquier manera.

Aparte, un pasodoble no es una melodía simplemente, son muchas y variadas.

Varios compañeros músicos me han propuesto ayudarles a componer uno.

tengo en la cabeza unas ideas para componer un pasodoble y quiero que me ayudes.

Mi respuesta siempre es que si. Les digo que esas ideas las escriban, las elaboren y las desarrollen y ya hablaremos. Al tiempo les he preguntado ¿Cómo va la cosa? Respuestas: espera que no tengo tiempo, no se me ocurre nada más, lo que me viene a la cabeza ya está inventado, no sé cómo seguir, no se acabar las frases y un largo etc.

Parece ser que la cosa no es tan fácil como la gente  piensa ¡y eso que solo estamos hablando de hacer alguna melodía! Imagínate que empezamos a hablar de armonía, contrapunto, forma o instrumentación.

Los músicos de las bandas

Algunos tubistas y trombonistas dicen que se aburren tocándolos, ¡solo llevamos acompañamiento, siempre lo mismo!

Yo les digo que esta afirmación no es del todo cierta. Verdad es que su roll casi siempre es el de acompañar con el ritmo característico, los bajos marcan el tiempo y los trombones el contratiempo. Pero no es menos cierto que en casi todos los pasodobles tienen su momento melódico.

Aún así hay que hacerles comprender de la importancia que tiene hacer bien ese acompañamiento, parece sencillo pero no lo es. Es el soporte armónico donde se cimienta toda la melodía, su conducción es parte fundamental en la buena interpretación del conjunto de todos los instrumentos. No consiste en tocar todas las notas igual sin ningún interés, se trata de buscar los puntos de tensión y distensión de cada frase, de cada sección o de toda de la pieza en general.

He oído a ciertos percusionistas: ¡vaya aburrimiento, se tocan todos igual!

Tampoco estoy de acuerdo con ellos y les diría todo lo contrario, que no hay ninguno igual. Siempre les explico que cada golpe que se da en la caja, bombo o platillos debe ser diferente. Hay que ayudar a la parte del acompañamiento e integrarse con ellos buscando también los puntos de tensión y distensión y caminar por el mismo sendero. Tenéis que escuchar y estar con los cinco sentidos puestos en lo que se hace para poder lograr este fin.

En algunas bandas de música todos estos instrumentistas también deberían prestar más atención en los finales de las frases y los cierres de las secciones. Normalmente (no siempre) estos finales tendrían que hacerse recogiendo el sonido y terminándolos con sutileza.  Por dejadez y mal hábito  hacen todo lo contrario y convierten estas terminaciones en bastas y descuidadas.

Cuando hacen todo esto bien y ponen el interés necesario se dan cuenta que no es siempre lo mismo y que no les  queda tiempo para aburrirse.

Otro tópico entre los músicos de las bandas, sobre todo los instrumentos destinados a tocarla melodía como flautas, clarinetes o saxos, es el de decir que son muy fáciles de tocar y que no hace falta ni ensayarlos ni estudiarlos.

También en este apartado pienso lo contrario y les digo que el pasodoble es de lo más difícil de tocar. Es complicada su ejecución si se quiere hacer clara y limpia, el fraseo rara vez lo hacen como deberían hacerlo, los matices no digamos. Así que de fácil no tiene nada ni la melodía ni los contra-cantos de los instrumentos como los bombardinos o saxofones tenores.

Los directores

En las bandas de música es habitual programar en sus conciertos uno o varios pasodobles. Muchas veces el concierto comienza con uno de ellos a modo de obertura.

La mayoría de los directores preparan dicho pasodoble a conciencia sabiendo que es importante ensayarlo y trabajarlo bien para que éste suene y se interprete como es debido.

Desgraciadamente hay otros, los menos, que aun no son conscientes de todo esto.

En primer lugar dejan el pasodoble que han decidido tocar en el concierto para los últimos ensayos. Cuando llegan éstos, se dan cuenta de que se les ha echado el tiempo encima y no les queda otro remedio que pasarlo superficialmente dejándolo de cualquier manera, sin haber sacado la “música” que este lleva dentro.

Muchas veces empiezan por elegir uno que es superior a las posibilidades de los músicos y de la banda que dirigen. Todos sabemos que esos pasodobles son muy bonitos pero ¿no sonaría mejor uno acorde al nivel que se tiene?

Los matices y fraseos pasan inadvertidos para ellos, los tocan de arriba abajo como si fuera un organillo de principios del siglo XX.

De la conducción armónico-melodíca que he mencionado anteriormente ni hablemos. La limpieza de la melodía brilla por su ausencia, los contrapuntos de bombardinos, saxos etc más de lo mismo, los planos sonoros, la afinación. Nada de todo esto está ensayado en condiciones para que el objetivo final sea como ese pasodoble se merece.

El” tempo”

Otro asunto importante es la acertada elección del tiempo o movimiento en los pasodobles.

Muchas veces hemos escuchado un mismo pasodoble interpretado a velocidades distintas, lo hemos podido oír tocado a un grupo a “todo trapo” o a otro distinto tocado con una parsimonia poco habitual en este género.

¿Cuál es el tiempo idóneo para interpretarlo?

Lo primero que hay que decir es que todos no tienen el mismo “tempo” y por lo tanto no se pueden interpretar  igual. Según el estilo que sea, será más rápido o más tranquilo, por ejemplo no será el mismo tiempo en un pasodoble de concierto que en uno para desfilar.

Es de vital importancia que los directores analicen el contenido de la partitura para poder sacar una conclusión acertada sobre el movimiento que debe llevar la pieza antes de empezar a ensayarla. Tienen que lograr ver que es lo que quiso escribir el compositor. Es fundamental “cantar la melodía” para poder encontrar el tiempo adecuado y trasmitírselo a la banda para que ésta  la cante de verdad. No hay otra forma de encontrar el verdadero movimiento que la de apropiarse del canto de la melodía. Estos dos elementos son inseparables y el uno se encuentra condicionado por el otro. Así pues no es de extrañar que algunos directores, no comprendan el tiempo exacto ya que no entienden el canto.

Hay que tener mucho cuidado con estas cosas, algunas veces se tocan pasodobles que son de movimiento alegre como taurinos u otros, con un estilo más pausado o de concierto.

Muchos de los pasodobles de concierto están escritos para ser tocados con este tiempo majestuoso y por eso el resultado es satisfactorio. Los que no están escritos para ser tocados así y se tocan lentos pierden todo el interés que tienen. A veces se convierten en pesantes, sin alma, sin carácter y sin dirección.

Lo contrario pasa cuando elegimos un tiempo mucho más rápido de lo que debería ser. Es costumbre de muchos directores tocar ciertos pasodobles a toda velocidad. Son bastantes los que recuerdo haber oído pero hay uno que me llama especialmente la atención, “Viva la Jota”. No me imagino a D. Pascual Marquina componiendo esta marcha militar (porque es una marcha militar) a estas velocidades endiabladas con las que se toca. Seguramente que la hizo para tocar desfilando con un movimiento alegre pero moderado.

Cuando se interpretan a estas velocidades virtuosísticas parece que los directores quieren demostrar la habilidad que sus músicos tienen con el instrumento. También deben querer enseñar como ellos mueven la banda con facilidad.

Verdaderamente con esto consiguen un “efecto visual” e impresionan a los auditorios. Los intérpretes y el publico sienten más una atracción por la velocidad y la sonoridad que no por la música.

Lo que conseguimos al interpretar tan rápido es pasar resbalando por las notas sin preocuparnos de la “música con mayúsculas” eludiendo así la dificultad de hacer esta. Por lo tanto la “verdadera música” se pierde.

En conclusión que si no los interpretamos con el movimiento adecuado pierden gran parte de la expresión, de la vida y del alma que tienen,  además el profundo sentimiento que trasmiten  puede llegar a desaparecer.

La palmada a lo “Cobos”

Como he mencionado en el encabezamiento, un mismo pasodoble lo podemos oír interpretado por muchas y variadas formaciones músicales.

Nos tenemos que dar cuenta de que no es lo mismo un España Cañi tocado por cualquier Orquesta Sinfónica profesional que por un grupo de 4 o 5 músicos en la plaza de toros de una capea. Tampoco sonará igual tocado por una agrupación laudística que por una banda de música.

Cualquier tipo de agrupación puede interpretar dignamente un pasodoble siempre que le ponga el interés necesario. Por ejemplo, hace poco escuche el “Tio Caniyitas” por una charanga que verdaderamente me dejó maravillado. Todos hemos oído a rondallas o bandas interpretándolos magistralmente.

Desgraciadamente aun hay grupos que esto no lo hacen así y existen hábitos que desvirtúan la grandeza del pasodoble.

En los años 90 Luis Cobos hizo famosas mezclas de zarzuelas acompañadas siempre con un “Clap” que caracterizaba a estas. A partir de ese momento se puso de moda utilizarlas en diferentes estilos, y por supuesto también en el pasodoble.

Pues bien, a mi  siempre me ha puesto nervioso que esta famosa palmada electrónica a lo “Cobos”,  se la colocaran a ciertas versiones de pasodobles. Es muy habitual escuchar esta aberración en la música preparada para los grupos de bailes de salón, en las discomóviles o en los bares para las fiestas.

Las orquestas de baile también son de las que desvirtúan el pasodoble. Antiguamente los tocaban en directo y las que no llevaban vientos los interpretaban con los teclados. Una melodía electrónica, siempre igual sin matices ni expresión, acompañada con guitarras eléctricas y batería. Actualmente éstas los suelen “tocar” con todo grabado que esto aun es peor. Música enlatada sin alma con un ritmo siempre igual donde la cadencia natural desaparece por completo.

A mí me gusta el pasodoble

Afortunadamente todo esto que he descrito no es lo habitual, solamente he contado anécdotas y experiencias de unos pocos.

Cada vez son menos los músicos y directores que piensan y actúan así. La gran mayoría de ellos, me consta que aprecian este estilo musical y ponen todo su interés en darle su verdadero valor.

Qué decir de los miles de aficionados que les gusta y se emocionan con el pasodoble.

Por eso vuelvo a repetir A mí me gusta el pasodoble y ¿A ti?