HISTORIA DE LA ORQUESTA SINFÓNICA (II)

Siguiendo con la serie de capítulos que voy a ir publicando en este blog referentes a la historia de la Orquesta Sinfónica, éste segundo está dedicado a la orquesta del periodo Romántico. Se puede decir que es una continuación del que compartí anteriormente titulado “La Orquesta en la época de Haydn, Mozar y Beethoven”.

 

Un hecho importante a partir de este momento es el aumento de la plantilla instrumental en la orquesta. Dicha ampliación fue sucediendo paulatinamente conforme avanzaba el siglo XIX hasta llegar al siglo XX.

Por lo general, la sección de viento madera pasará de tener dos instrumentos de cada especie a tener tres. Normalmente uno de los tres instrumentos será de una tesitura distinta. De las tres flautas en ocasiones una será reemplazada por el flautín. Los clarinetes incorporaran el clarinete bajo y en algún momento el clarinete pícolo en Mi bemol. Los oboes introducen el corno inglés y los fagotes el contrafagot.

Dentro de los instrumentos de viento metal, las trompas pasan a ser cuatro de manera habitual. Normalmente las trompetas suelen ser dos pudiéndose ampliar a tres. Los trombones se incorporan definitivamente como instrumentos fijos en la orquesta, regularmente tres. Del mismo modo se suma a la sección de metal la tuba que refuerza los graves.

La cuerda también crece en número, en ocasiones se suma el arpa. El piano aparece esporádicamente formando parte de la orquesta sin ser instrumento solista, otros instrumentos de teclado como el órgano o la celesta igualmente pueden aparecer en alguna obra. La percusión incorpora instrumentos como platillos, bombo, castañuelas, tambores etc.

El avance en el perfeccionamiento técnico de las válvulas, pistones y mecanismos de los instrumentos de viento metal fue un hecho importantísimo en el progreso de la música orquestal en el Romanticismo. También hubo avances igualmente importantes en los instrumentos de viento madera e incluso en los de cuerda.

A lo largo de la historia de la música y más concretamente desde que la música instrumental se independizara de la vocal y se convirtiera en autónoma, los instrumentos y la propia música instrumental han caminado de la mano. Por una parte, los compositores estaban permanentemente interesados por las evoluciones y nuevas posibilidades que ofrecían los instrumentos para su posterior aprovechamiento en sus nuevas composiciones. Por otra parte, los constructores de los instrumentos se vieron obligados a perfeccionarlos ya que cada vez los compositores escribían en sus partituras pasajes de mayor dificultad, en muchos casos rozando lo imposible.

Por ejemplo, en el Barroco los luthiers italianos Amati o Stradivarius estuvieron en contacto continuo con los compositores de música instrumental más importantes de la época, como pudieron ser Vivaldi o Corelli. Más adelante cuando aparece el piano ocurre lo mismo, sin la desaparición del clave y la llegada del forte-piano hubiera sido imposible componer e interpretar muchas de las sonatas de Beethoven. Igualmente sin la transformación o evolución del forte-piano al piano difícilmente Liszt o Chopin podrían haber escrito su música.

La verdadera revolución en la construcción y el avance técnico en la interpretación instrumental llega a partir de 1930.

Del sistema de válvulas y pistones para los instrumentos de metal se sabe que ya existen ensayos en 1788 por Clagger y 1813 por Blühmel. Las válvulas de cilindro aparecen en 1820, sin embargo las primeras patentes están fechadas en 1824 por J. Shaw. En 1838 aún se estaba experimentando con el sistema. El uso habitual comienza a mediados del siglo XIX (1851 con J.P. Oates, en Londres).

Referente a los instrumentos de madera, los importantes descubrimientos de Theobald Boehm, hicieron que un instrumento como la flauta experimentara un  extraordinario progreso. A ésta le siguieron el oboe, el corno inglés, el clarinete y el fagot. Boehm mejoró la distribución de los orificios, lo cual hacia más fácil la digitación. Ideó un nuevo  mecanismo de llaves que tapaba mejor los agujeros, que hacía más sencilla la ejecución y que afinaba mejor todas las notas.

Todos estos progresos habidos, llegarían a transformar a la orquesta como instrumento. Ahora ya, esta nueva gran orquesta tiene poco que ver con la orquesta del clasicismo, aunque Beethoven en sus sinfonías ya dejaba entrever que esto iba a llegar.  Esta ampliación, no viene únicamente de la incorporación de instrumentos novedosos o antes inusuales, sino también del crecimiento que tuvo que experimentar la cuerda para conseguir un equilibrio tanto sonoro como tímbrico.

La misión de los instrumentos de metal, ahora van a cambiar el papel que realizaban en la orquesta de Haydn, el papel “menor” que antes cumplían ahora se va a convertir en un papel principal. Tanto los metales como las maderas, aparte de tener más facilidad a la hora de la emisión de las notas  y ser más desenvueltos en la ejecución, van a ganar mucho en su potencia sonora.

El aumento de potencia en la sección de viento obligó a la sección de cuerda a tener que reaccionar para equipararse con el viento. Por un lado, aumentar el número de instrumentistas, y por otro, hubo que buscar mejoras en estos instrumentos. Sobre todo mejoras para que los arcos consiguieran ejercer mayor presión y que las cuerdas estuvieran preparadas para soportar mayor tensión. Ahora la cuerda de la orquesta podría estar compuesta por unos 30 violines, 12 violas, 10 violoncelos y 8 contrabajos.

También el aumento de número de instrumentos influyó en la partitura. Si antes podíamos tener partituras de 10 a 12 pentagramas, en la gran orquesta fácilmente se puede llegar a 40.

Otra innovación importante es que paulatinamente se independiza el papel del director de orquesta.

Antes, en el clasicismo, había predominado una dirección dividida. Esta función la compartían el primer violinista y el músico que estaba al frente del clave, muchas veces el compositor. A partir de las sinfonías de Beethoven se ve la necesidad de encomendar esta tarea a una única persona. Entre los primeros directores se puede nombrar a Weber, Spohr, Spontini etc. Estos directores  también eran compositores.