HISTORIA DE LA ORQUESTA SINFÓNICA (I)

Este es el primer capítulo de varios que voy a escribir en este blog relacionados con la historia de la orquesta Sinfónica. En el  voy a abordar la época del Clasicismo, que entre otras muchas cosas en el mundo de la música, sirvió como asentamiento de la orquesta sinfónica.

Las ciudades de Viena y Mannheim fueron los lugares  principales donde se fraguó el nuevo estilo sinfónico. La orquesta de Mannheim se distinguió durante esta época por el uso de recursos orquestales como el llamado crescendo Mannheim. Johann Stamitz fue uno de los directores más conocidos de dicha orquesta. Éste aportó importantes novedades en el campo de la instrumentación. En Viena hubo varios compositores que contribuyeron mucho a la sinfonía en cuanto a la estructura. Haydn y Mozart fueron los que más destacaron de todos los compositores vieneses, con ellos la forma  empezó a desarrollarse. Posteriormente Beethoven tomó el testigo de sus predecesores vieneses y con él la sinfonía alcanzó su máximo esplendor.

La orquesta sinfónica clásica estaba cimentada sobre los instrumentos de la familia de la cuerda. La sección de las cuerdas se dividía en violines primeros, violines segundos, violas, violoncelos y contrabajos, esta división no ha variado en las siguientes épocas.

Durante los primeros años Clásicos, la orquesta estaba formada por la ya nombrada sección de cuerda, dos oboes y dos trompas. Progresivamente se fueron uniendo instrumentos como las flautas traveseras, los fagotes, las trompetas y los timbales. A éstos les acompañaban el clave o el órgano, los cuales servían como apoyo armónico. Con el paso del tiempo el clave y el órgano fueron desapareciendo. La incursión de las trompas y trompetas y su misión armónica con los pedales hizo que el bajo continuo se fuera enterrando.

El fagot, al final del clasicismo, empezó a usarse como instrumento independiente, despojándose de su antigua misión de duplicar la línea del bajo. El clarinete empezó a tomar protagonismo a partir de 1750. La orquesta de Mannheim lo empezó a utilizar con asiduidad y Mozart le dio tal importancia que se convirtió en un instrumento fundamental en sus obras sinfónicas.

La orquesta del periodo clásico en cuanto a la cantidad de instrumentos era variable, dependía del lugar donde se encontraba esta. Solamente los grandes teatros de ópera podían tener grandes orquestas. Normalmente la sección de cuerda de las orquestas se componía de seis primeros violines, seis segundos, dos violas, tres violoncelos y un contrabajo. En las cortes más grandes solía haber ocho violines primeros, ocho segundos, cuatro violas, cuatro violoncelos y dos contrabajos. La orquesta de Haydn en Esterhazy, estaba compuesta por seis violines primeros, cinco segundos, dos violas dos violoncelos, dos contrabajos, dos oboes, dos fagotes y dos trompas. Alrededor de 1780 la orquesta de Mannheim la formaban nueve violines primeros, nueve segundos, tres violas, cuatro violoncelos, tres contrabajos, cuatro flautas, tres oboes, tres clarinetes, cuatro fagotes y cuatro trompas.

A partir de la llegada de Ludwig van Beethoven, la música orquestal va sufrir una serie de importantes cambios.

Hasta este momento los compositores habían estado siempre al servicio de un gran señor. Beethoven fue un compositor independiente que tuvo que ganarse al público por sus propios medios. Esto sería lo habitual a partir de este momento para los compositores posteriores.

En el siglo XIX el concierto público cobro un significado distinto. Las salas de conciertos se ampliaron, los conciertos ya no eran en los palacios y salones particulares. Las orquestas necesitan mayor potencia sonora para estas salas. Los contrastes cobran mayor importancia, los piano son más suaves y los forte  más enérgicos.

La orquesta tuvo que adaptarse a estas nuevas exigencias tímbricas. Beethoven consolidó al clarinete como un instrumento fundamental en sus sinfonías.

Hasta mediados de siglo las trompas y trompetas tuvieron que seguir con la misma función armónica que cumplían en el periodo anterior. Los avances en los instrumentos de metal con la introducción del mecanismo de los pistones abrirán una nueva dimensión a la hora de escribir las partes de estos instrumentos de metal.

En un principio la orquesta beethoveniana estaba formada por un grupo de instrumentos muy similar a la orquesta de los últimos tiempos de Mozart. Aparte de la cuerda, Beethoven en sus dos primeras sinfonías incluye dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes dos trompas, dos trompetas y timbales. En la Heroica añade una tercera trompa. En la cuarta sinfonía emplea un orgánico similar, con la variante de que  utiliza una sola flauta y vuelve a emplear dos trompas. Para la quinta, en principio, utiliza la misma formación que en las dos primeras sinfonías. En el cuarto movimiento añade por primera vez el flautín, contrafagot y tres trombones. En la Pastoral a la formación habitual de vientos a dos amplía un par de trombones. La séptima y octava sinfonías la instrumentación es la misma que en las dos primeras. En la novena añade flautín, contrafagot, dos trompas más, tres trombones, bombo, platos, triangulo y coro.

La flauta, oboe, clarinete o fagot adquieren un importante valor melódico desconocido hasta el momento. Las cuerdas alcanzan una gran fuerza dramática, aumentan su potencia sonora y se oponen con contundencia a los vientos. Así Beethoven supo sacar partido de las posibilidades instrumentales. Los violines amplían la tesitura aumentando los agudos de su escala y el empleo de los instrumentos de viento cada vez va resultando más eficaz. Conforme avanza el tiempo se hace más necesario equiparar la sección de la cuerda con la del viento. Es necesario aumentar el número de instrumentistas de cuerda para poder igualar dicha sección con la importancia alcanzada por los instrumentos de viento. Este aumento de la plantilla instrumental irá sucediendo conforme avanza el siglo XIX hasta el siglo XX.