Carl Maria von Weber & Gaspare Spontini

Carl Maria von Weber (1786-1826), fue uno de los primeros directores modernos, además, fue el fundador de la ópera romántica y uno de los primeros pianistas virtuosos. Durante su carrera como director casi siempre dirigió ópera.

En 1804 a la edad de dieciocho años empezó a dirigir en la ciudad de Breslau. Rápidamente debido a su juventud provocó la oposición de todo el mundo, los músicos veteranos no lo tomaban en serio. Pese a todo enseguida se hizo con la orquesta, reorganizó la compañía de ópera y buscó una distribución nueva para la orquesta. Fue uno de los primeros en poner los vientos atrás y a los violines los colocó de una forma parecida a la que se ponen actualmente. Por supuesto, se originó una enorme oposición a esta innovación.

Parece ser que al principio dirigía con el arco del violín, se sabe que en 1812   dirigía con un rollo de papel en la mano.

Weber era un director reservado, tranquilo, pero a la vez su manera de trabajar le hacía ser eficaz. Cuando era necesario también era una persona con autoridad, seria y severa cosa que no gustaba a los músicos de las orquestas que dirigía.

En 1817 dirigía la orquesta de la ópera de Dresde donde no tenía una orquesta muy grande. Para la interpretación de El cazador furtivo contó solamente con diez violines, dos violas, dos violoncelos y dos contrabajos. En esta orquesta empezó a emplear la batuta y nuevamente a los miembros de la orquesta no les gusto en absoluto.

Sobre el estrado era una persona con mucha serenidad,  reducía al máximo los movimientos corporales. En muchas ocasiones se limitaba a marcar unos pocos compases y dejaba seguir sola a la orquesta hasta que hiciera falta volver a guiarla.

Se asegura que Weber no era un simple marcador de tiempos, él consideraba una obra musical en toda su unidad, pedía flexibilidad, era un músico con mucha imaginación y estaba totalmente en contra de la fragmentación de las frases musicales. La forma y la estructura de las frases eran importantísimas para él. Así que no es de extrañar que su manera de ver la música se parezca mucho a la de Wagner. Sus indicaciones sobre el tiempo son muy parecidas a la idea de la modificación del tempo que tenía Wagner.

Gaspare Spontini (1774-1851), fue un director con una personalidad totalmente diferente a la de Weber. Si a Weber se le consideraba una persona humilde y silenciosa, Spontini era una figura orgullosa y arrogante. Dirigió la Ópera de Berlín de 1820 a 1841 comportándose como si fuera una estrella. La mayor parte de su carrera como director la pasó dirigiendo óperas y más particularmente  las suyas propias, por cierto, muy afamadas.  Raramente dirigió música sinfónica, y al parecer, cuando lo hizo no tuvo éxito en ella.

Como director influyo mucho en personajes importantes como Berlioz, Mendelssohn y Wagner, así como en el futuro de la dirección de orquesta en general.

Se decía en la época que Spontini era un director limitado, de poca cultura y técnica musical. También se decía que en los ensayos era muy lento y muy rígido. Tuvo la suerte de que en las primeras orquestas que estuvo como director, pudo disponer de todos los ensayos necesarios para sacar adelante las obras hasta que estuviera todo perfecto. Así que a la hora de estrenar las óperas todo el mundo sabía perfectamente su papel. Entonces salía él al escenario como si de una persona ilustre se tratara. Vestido impecable, luciendo las condecoraciones recibidas y con su, no batuta, sino vara de mariscal, construida de ébano y marfil. Se le llego a conocer como el Napoleón de la Orquesta, no solamente por su vara, sino por su actitud militar en los ensayos de la orquesta.

Presumido y soberbio él era el que mandaba y todo el mundo le tenía que obedecer. Fue el primer director famoso que se consideraba el centro de atención.

Se esmeró en buscar la perfecta unión entre la voz, la orquesta y la parte escénica. Daba muchísima importancia a los aspectos dinámicos, quizás desde la orquesta de Mannheim no se había vuelto a ver un cuidado tan especial en este aspecto.

En 1844 para representar su ópera La Vestale pidió una sección de cuerdas compuesta por veinticuatro violines, diez violas, ocho o diez violoncelos y seis o siete contrabajos. Distribuyó la orquesta de forma que los violines primeros se colocaron a su izquierda y los segundos a su derecha. Los vientos y percusión los repartió por toda la orquesta, de manera que su sonido no sobresaliese demasiado. Los dividió a los dos lados y puso a los instrumentos de viento más finos a una distancia prudente unos de otros, con lo cual formó una cadena entre los violines.

Su marera de dirigir y su talante militar motivaron una nueva actitud hacia el director. Los siguientes directores supieron sacar partido del ejemplo dado por Spontini. A partir de ese momento el director era el dueño de todos los aspectos musicales e interpretativos.