Problemas con las ediciones y catalogaciones de sus obras

Lo que sucedió con las Sinfonías de Londres de Haydn después de estrenadas no fue siempre una historia feliz. En los tiempos anteriores a la protección de los derechos de autor, tan pronto como un compositor daba salida a su obra y la difundía, ésta dejaba de pertenecerle por completo. Cualquiera podía, y por lo general lo hacía, copiar la obra. Las copias a mano de las partes orquestales se hacían para uso de las diferentes orquestas. Por lo general esas copias eran seguidas por ediciones competitivas de diferentes editores. Cada vez que aparecía una nueva edición, en realidad constituía una nueva versión. Los editores tuvieron muy poco respeto por las ideas originales de Haydn. Esta gente estaba más motivada por los aspectos del mercado: imprimían las ediciones en la forma en la que consideraban que se venderían más.

Por ejemplo, el compositor-director Simón le Duc produjo una versión de la Sinfonía 98 donde sin más omitió las trompetas y los tambores (por cierto una idea práctica para asegurarse de que la misma sería interpretada por conjuntos reducidos, pero que representa una absoluta mutilación de la sinfonía). Mucho después de la muerte de Haydn, diferentes editores publicaron conjuntos de partes, como las de le Duc. Visto que la práctica de dirigir desde el clave estaba cediendo ante el uso de un director independiente, fue necesario tener partitura además de partes. Fue todo un desafío elaborar las partituras a partir de los conjuntos de partes existentes que no concordaban entre sí, a veces incluso de modo muy drástico. Para ello se requerían decisiones editoriales, que fueron tomadas con evidente descuido. Las orquestaciones, las melodías y las armonías fueron modificadas libremente. Editores anónimos hicieron que varias de las Sinfonías de Londres sonaran de algún modo como las obras de Beethoven, que eran muy populares en aquellos días. Por ejemplo, agregaron acentos pesados en el viento metal y timbales al minué de la Sinfonía Número 98, convirtiendo en voluminoso un movimiento que de otro modo era elegante. Las partes altas de trompetas de Haydn fueron bajadas, las partes de los timbales fueron suavizadas y la dinámica aplacada, de modo tal que la sinfonía terminó sonando como si hubiera sido orquestada en 1815 ¡lo cual en parte era verdad!

Es así que muchas de las Sinfonías de Londres se incorporaron al repertorio orquestal normal en versiones que eran decididamente diferentes de lo que Haydn había presentado en Londres. Generaciones de públicos y de directores las conocieron a través de estas ediciones bastardeadas.

En el siglo XX fueron varios los intentos de realizar una catalogación y edición completa de la obra de Haydn que no resultó nada fácil.

El analista musical Británico Donald Tovey, títuló uno de los artículos como, “Haydn el inaccesible”, escrito en 1935, parece advertir sobre las dificultades de todo tipo con que han tropezado los intentos de recopilar, ordenary depurar el inmenso corpus de la producción haydniana.

Ya la nítida separación de auténtico y apócrifo plantea no pocos problemas. Y eso que, en vida, Haydn preparó con diversas colaboraciones dos catálogos de sus obras, el Entwurf Katalog a partir de 1765 aproximadamente, y el Haydn Verzeichnis en 1804-1805, documentos muy útiles en orden a determinar la autenticidad de las composiciones, no siempre con absoluta seguridad, pero incompletos. Por lo demás, no proporcionan la cronología, que sólo puede deducirse de forma indirecta o aproximativa. La palabra Entwurf (borrador) del primero da idea de sus limitaciones y lo mismo puede decirse del segundo, cuyo título, del propio Haydn, es significativo: «Catálogo de las obras que recuerdo aproximadamente haber compuesto entre mis 18 y mis 73 años…».

Pero además muchas composiciones auténticas habían sido editadas en vida del músico mientras otras permanecieron inéditas. Al mismo tiempo, una gran cantidad de obras apócrifas circulaban bajo el nombre de Haydn en forma de copias manuscritas o de ediciones. Esta confusa situación no empezó a clarificarse hasta bien entrado el siglo XX, si bien en el anterior hay que contabilizar la importante aportación de Carl Ferdinand Pohl (1819-1887). Amigo de Brahms y archivero de la Sociedad de amigos de la música de Viena, en 1875 y 1882 publicó los dos primeros volúmenes de la vida de Haydn que llegan hasta finales de 1790. De haber podido completar la biografía así como el catálogo temático proyectado, hubiese sido una contribución decisiva en una época de grandes monografías sobre los compositores del siglo XVIII: Mozart por Otto Jahn (1856), Haendel por Friedrich Chrysander (1858-1867) y Bach por Philipp Spitta (1873-1880).

En 1907, en vísperas del centenario de la muerte de Haydn, Breitkopf & Härtel emprendió una edición completa de sus obras de la que sólo aparecieron diez volúmenes, entre dicho año y 1933. En 1941 el musicólogo danés Jens Peter Larsen publicó el Kees Katalog, un catálogo temático de las sinfonías realizado en 1790-1792 por el amigo de Haydn Franz Bernhard von Kees para su propio uso. Las dos últimas que entraron fueron las n° 96 y 95, que Haydn le había enviado de Londres a finales de 1791. Comprende las sinfonías de la 1 a la 92, si bien faltan las n° 2, 3, 15, 17, 18, 19, 25, 27, 32, 33, 36, 59 y 73.

A partir de 1949 el musicólogo americano Howard Chandler Robbins Landon, nacido en 1926, fue el animador en Boston y Viena de la Haydn Society con el objetivo de editar la obra completa de Haydn. Sin embargo el proyecto fracasó y sólo se llegaron

a publicar cuatro volúmenes, disolviéndose la sociedad en 1951. Landon ha dedicado una gran parte de su torrencial actividad al estudio de la obra de Haydn y entre otras publicaciones tiene en su haber el trabajo más extenso jamás realizado sobre el compositor. A él se debe también una importante iniciativa, la publicación periódica a partir de 1962 del Haydn Yearbook (Haydn Jahrbuch) gracias a la cual han salido a la luz importantes aspectos de la biografía y de la producción.

En 1955 se fundó en Colonia el Joseph Haydn-Institut, bajo la dirección de Larsen, con el fin de emprender de nuevo la edición completa de la obra del músico de Rohrau. Esta empresa, dirigida desde 1960 por Georg Feder (1927), se ha desarrollado con éxito, habiendo aparecido numerosos volúmenes, por lo que cabe suponer que en esta ocasión se alcanzará la meta propuesta. Entre sus actividades está la edición desde 1965 de los Haydn-Studien, publicación que se ha convertido en referente obligado de la investigación haydniana.

Otro hito importante lo constituye el primer intento serio de catálogo temático, llevado a cabo por el musicólogo holandés Anthony van Hoboken (1887-1983), alumno en Viena de Heinrich Schenker: Joseph Haydn: Thematisch-bibliographisches Werkverzeichnis, i, ii (Maguncia 1957 y 1971). El catálogo asigna a cada grupo o categoría de obras un número con cifras romanas y a cada composición, dentro de las diferentes categorías, un número en cifras árabes. Éstas corresponden a un orden pretendidamente cronológico, cosa que no siempre se consigue como han venido a demostrar estudios y descubrimientos posteriores. Al final de cada categoría se enumeran un cierto número de obras agrupadas por tonalidades, designadas según el sistema alemán con letras: C (do), D (re), E (mi), etc. mayúsculas para las tonalidades mayores y minúsculas para las menores. La mayoría se atribuyen a Haydn pero en realidad son dudosas o apócrifas. Otras, sin embargo, se ha demostrado que son auténticas.

Sin embargo, el catálogo de Hoboken ha quedado desfasado en muchos puntos y las más recientes investigaciones han puesto de relieve sus defectos e inexactitudes. En el Diccionario de Música New Grove (1980) en veinte volúmenes, tras el artículo dedicado a Haydn firmado por Larsen, aparece una muy completa lista de composiciones elaborada por Feder, que en cierto modo viene a corregir la de Hoboken, haciendo especial hincapié en las obras atribuidas y dudosas. Todo el material, más la bibliografía, fue objeto de publicación separada en 1982.

Este trabajo de Feder, fruto de un detenido análisis de las fuentes, ha facilitado la tarea de fijar, dentro del catálogo que figura en este libro, una nítida separación entre obras auténticas, perdidas y dudosas o apócrifas, amén de los arreglos. Es de destacar que en dos apartados del catálogo (Tríos y Sonatas para teclado), se han tenido en cuenta los estudios de Landon en lo referente a la ordenación cronológica, consignándose este dato entre paréntesis, a continuación del número de Hoboken y de la tonalidad.