Wagner, el director

Richard Wagner (1813-1883), al contrario que Mendelsshon y muchos de los principales directores que habían existido hasta ese momento, no fue un niño prodigio ni manejaba con facilidad ningún instrumento, empezó tocando el piano pero pronto descubrió que no era lo suyo. Esto no le impidió consagrarse como una figura de la composición y de la dirección de orquesta. Él tenía una verdadera pasión por la música, la amaba hasta lo infinito. Fue el director más importante del siglo XIX.

Desde muy joven se interesó por la dirección, era una persona que confiaba plenamente en sí mismo y en sus ideas, esto le llevo a hacerse cargo de la primera  orquesta a la temprana edad de veintiún años. Su actividad como director continuó durante toda su vida, fue avanzando paso a paso desde casas de ópera de menor categoría hasta los teatros más importantes. En sus primeros años dirigió el coro de Würzburg y los teatros de las óperas de Magdeburgo (1835), Königsberg (1836) y Riga (1837-1839).  En 1839 debido a las continuas disputas con sus superiores, el descontento con la orquesta y la mala organización  del teatro, abandonó la Ópera de Riga.

En 1843 fue contratado en Dresde  como director del Real teatro de la Corte de Sajonia. En este periodo estrenó dos de sus primeras obras maestras, El holandés errante (1843) y Tannhäuser (1845). Wagner fue siempre un director estricto, exigió a la orquesta ensayar mucho más de lo que antes ensayaba. Durante los seis años que estuvo en Dresde intentó modificar todas las viejas y, según su criterio, malas costumbres. Sus ideas novedosas con respecto a la música y a la interpretación, a todo el mundo le parecieron muy extrañas. Todo ello le creó continuamente problemas con los músicos, dirigentes e incluso con el público. Todos sus intentos y sugerencias por mejorar la orquesta fueron rechazados. Su antipatía hacia la gente y lo mal considerado que estaba como persona le perjudicó notablemente a la hora de conseguir sus objetivos.

Con el paso del tiempo la orquesta empezó a ver las cosas de otra manera, Wagner a través de su trabajo y sus interpretaciones particulares, convenció a los músicos de su idea sobre la música. Daba importancia hasta el más mínimo detalle de la música que nadie antes podía ni siquiera observarlo.

Por razones políticas en 1848 Wagner tuvo que huir de Alemania, primero fue a París y después a Suiza donde se estableció. Paso los doce años siguientes exiliado, allí se hizo cargo de la orquesta de Zurich.

Wagner para obtener los resultados que pretendía, tenía que batirse el cobre sin descanso con la orquesta. Por una parte, quizás, su técnica con la batuta no era todo lo efectiva que hubiera hecho falta para enfrentarse a la orquesta. Por otra, sus nuevos conceptos musicales eran difíciles de asimilar rápidamente por los músicos. Al parecer Wagner se desesperaba en los primeros ensayos al ver que lo que intentaba no salía. Los raros movimientos que hacía con la batuta no los entendían los músicos, tardaban a asimilar lo que pretendía el director. Él quería que no fuese el compás quien dominase la música, sino que lo que mandase fuera la frase, la melodía. Wagner dirigía adecuándose a las frases de la melodía.  Cuando la orquesta comprendía la idea de la expresión que pretendía, conseguía trasmitir lo que nunca se había trasmitido hasta el momento.

En 1855 fue invitado a dirigir los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Londres. No tuvo éxito y fue enormemente criticado por sus extravagantes ideas. La crítica inglesa estaba en total desacuerdo con la manera de matizar de Wagner, con sus tempos y sus pronunciados contrastes. Se le acusó de tomarse excesivas libertades con la música. La continúa modificación del tempo, los constantes acelerandos y retardandos y el incesante rubateo de las frases que proponía Wagner, molestaba a todo el mundo de la sociedad musical inglesa.

Después de un año en Londres Wagner se empezó a dedicar mucho más a la composición. Durante los siguientes años solamente dirigía esporádicamente invitaciones que le hacían por toda Europa. Recordemos que en esta época, en 1869, escribió el ensayo sobre el Arte de dirigir la orquesta.

No cabe duda que Wagner fue el personaje más influyente y con más poder de la dirección de orquesta durante la mayor parte del siglo XIX. Hizo que se viese al director como una figura divina, el que sabía y veía todo, lo convirtió en una persona poderosa, todo giraba alrededor de él. Sus ideas, su técnica, su filosofía de la música y de la dirección, influyeron de forma transcendental en los directores de la siguiente generación. Su descendiente más importante fue Hans von Bülow, éste durante mucho tiempo fue el encargado de representar los dramas wagnerianos. Otros seguidores de la escuela de Wagner fueron Hans Richter, Hermann Levi, Felix Josef von Mottl o Anton Seidl.