Héctor Berlioz & Felix Mendelssohn

 

Héctor Berlioz (1803-1869), Mendelssohn y Wagner fueron la base de la dirección moderna. Los tres pensaban y actuaban como directores modernos. Tanto era así que Berlioz (como hemos visto en el capitulo anterior) y Wagner  escribieron tratados acerca de los problemas del arte de la dirección de orquesta. Estos dos también son los primeros directores y compositores que no eran ni afamados pianistas ni violinistas.

Lo que a Berlioz le llevó a tomar las riendas de la dirección fueron las desafortunadas interpretaciones que hicieron de su música algunos directores. Al ver tales estropicios  decidió que a partir de ese momento sería el mismo quien dirigiera y ensayara sus obras.

Desde muy temprano intentó cambiar las malas costumbres que existían en la interpretación de la música moderna a cargo de las orquestas. Hábitos, que según él, llevaban a la desesperación a los compositores, y que los directores debían de eliminar cuanto antes. Por ejemplo la forma tan perezosa de realizar los trémolos en las cuerdas, las reducciones que hacían, los contrabajistas sobre todo, en sus partituras para que fuesen más fáciles, la mala costumbre de elevar una octava lo escrito, sobre todo los flautistas, músicos que no sabían afinar etc.

Su constante movimiento sobre la tarima, sus continuas indicaciones a la orquesta, contagiaban tal energía que le hacían dominar por completo a los músicos. Era un líder nato que tenía  gran confianza en sí mismo. Su compás tenía una claridad admirable. Al igual que los músicos de la escuela francesa, tenía un ritmo regular pero a la vez flexible. Siempre buscaba el equilibrio rítmico, pero eludía la regularidad metronómica. Estaba en contra de las fluctuaciones del tempo que tanto le gustaban a Wagner.

Cuando Berlioz escribió el tratado sobre la dirección de orquesta, era ya un director experimentado que había aprendido muchísimo sobre la orquesta y sobre la conducta de los músicos. Es un tratado práctico y técnico en  casi su totalidad. En él realiza un análisis de los buenos y malos directores. Afronta el tema de los ensayos y la manera de llevarlos a cabo. Propone el uso del metrónomo, solamente para averiguar el tiempo inicial de la obra avisando de la rigidez que puede causar el aparato.

Dice que el director debe conocer la forma de marcar  cada fragmento y que debe tener claro cuáles son los puntos más importantes de la obra. También insiste en que los músicos deben de mirar continuamente a la batuta, pues “una orquesta que ignora a la batuta le sobra el director”. También contiene esquemas de las direcciones básicas que tiene que hacer el director con los brazos para indicar el movimiento del compás. Solicita que los directores trabajen con la partitura completa, no con la parte de violín. Recomienda de forma insistente que se hagan los ensayos por secciones. Exhorta para que la afinación de los instrumentos se haga fuera del escenario sin la presencia del público y que el director debe poner la máxima atención para que esté afinado exactamente.

Directores de Orquesta del siglo XIX

Felix Mendelssohn Bartholdy (1809-1847), niño prodigio, pianista, compositor y director de orquesta. Se crió en una familia de origen judío con un gran interés por la cultura. Familia con mucho poder económico que se preocupó de que su hijo adquiriera los mayores conocimientos, tanto musicales como culturales. En ningún momento, la familia, quiso aprovecharse de sus cualidades como joven virtuoso, como les había ocurrido a otros niños prodigio de otras épocas.

Tuvo la fortuna de poder dirigir una pequeña orquesta desde muy temprana edad. En 1821 cuando tenía tan solo la edad de doce años interpretaba y dirigía sus propias composiciones en su casa, acompañado de una orquesta privada, para los amigos de sus padres entre la élite intelectual de Berlín. Con el paso del tiempo llego ser un músico íntegro, una figura musical, interesado solamente en interpretar la música de calidad y luchar en contra de la música vulgar y de los farsantes en el mundo de la música.

Mendelssohn admiraba la obra de J. S. Bach, influenciado por su maestro Zelter. Se empeñó en rescatar del olvido la Pasión Según San Mateo de Bach y lo consiguió. El 11 de marzo de 1829 se interpretó en Berlín. La obra se ejecutaba por primera vez después de la muerte de Bach en 1750. Mendelssohn realizo los arreglos de la partitura con el fin de adaptar la música a los nuevos tiempos que corrían. El mismo dirigió la orquesta y su maestro Zelter dirigió los coros. La gran acogida que tuvo la representación de esta obra representó el redescubrimiento de Bach para el gran público. También el éxito logrado le proporcionó a Mendelssohn una gran fama cuando tan solo tenía veinte años.

Su capacidad para la música era enorme, tenía un oído y una memoria prodigiosa. Se decía en la época que Mendelssohn conocía todos los compases de toda la música que existía y que era capaz de reproducirla de inmediato. Por supuesto, dirigía los conciertos y los ensayos de memoria, hecho que estaba muy mal visto en aquellos tiempos. Tenía la costumbre de bajar la batuta y dejar de dirigir en los momentos que todo iba rodado. Viajó por toda Europa para dirigir o dar recitales al piano, también fue muy requerido como compositor. Mucha gente se le enfrento por sus métodos modernos a la hora de dirigir. Tuvo problemas con los concertinos y maestros al piano de las orquestas ya que estos no admitían aun la figura del hombre con la batuta.

Durante su juventud dedicó su actividad como director a realizar representaciones como director invitado, bien fuera de conciertos sinfónicos o de ópera. Esto le proporcionó la experiencia necesaria para aprender el oficio de la dirección. A la edad de veinticuatro años se colocó como director fijo de la Orquesta de Düsseldorf. Se especializó en la interpretación de de la música de Haendel, Gluck y la de los clásicos vieneses. En esta época reconoció que la ópera no era lo suyo y que donde realmente se sentía a gusto era en el mundo de la sinfonía y del coro. Su estancia en Düsseldorf no duró más de dos años, a partir de 1835 hasta su muerte, la actividad como director la realizó en casi su totalidad en la ciudad de Leipzig.

Mendelssohn se puso al frente de la Orquesta de la Gewandhaus donde nada más llegar tuvo que realizar importantes reformas, tanto en la configuración de la orquesta como en el repertorio a interpretar. Allí ideó un nuevo programa para la distribución de las obras de los conciertos, esta nueva fórmula fue muy bien acogida por el resto Europa. El programa lo componía: una sinfonía clásica o una obertura para comenzar, le seguía un aria, un concierto y un conjunto coral. Después del intermedio, igualmente para empezar, una sinfonía breve u otra obertura, después otra aria y una obra más larga para orquesta que solía llevar en ocasiones solistas y coro.

En Leipzig, compaginó la dirección de la Orquesta de la Gewandhaus con la actividad pedagógica que realizaba en el conservatorio recientemente creado, también podía cumplir con los muchos contratos que le ofrecían como director invitado. Su enorme popularidad hizo que se escribiera mucho acerca de él, de su música y de su manera de dirigir. En uno de estos documentos se pueden leer frases como esta: su forma de dirigir se parece mucho a su personalidad, es decir, elegante y refinada, rara vez exagerada, objetiva y proporcionada. La gran mayoría de los músicos contemporáneos de Mendelssohn coinciden en su delicadeza y familiaridad con la orquesta que dirigía, era admirado por su enorme paciencia y su buena educación. Él prefería los buenos modos y la amabilidad antes de tener que usar métodos más duros, solamente los empleaba cuando era realmente preciso.

Fue muy criticado por no mirar hacia adelante y estancarse en la música de épocas anteriores. Sus programas se componían con la música de autores como Bach, Haendel, Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann etc. La  nueva música de Listz, Wagner o Berlioz no era de su agrado y no la interpretaba. También fue muy reprochado por la habitual costumbre que tenía de ejecutar las obras con los tiempos excesivamente rápidos, sobre todo por Wagner, como ya hemos podido leer en la primera parte de este trabajo.

Mendelssohn hizo mucho por la música, durante veinte años fue la referencia en la dirección de orquesta y creó una importante escuela de directores en Alemania.

El exponente más importante de dicha escuela fue Otto Nicolai, otros también muy admirados fueron Peter Joseph von Lindpaintner y Karl Gottieb Reissiger. Directores como Heinrich Dorn, Carl Wilhelm Ferdinando Guhr, Karl August Krebs, Julius Rietz o Ferdinand Hiller también procedían de la escuela de Mendelssohn.